martes, 13 de agosto de 2013

Nacen héroes y bastardos



Antes de comenzar, quiero agradecer las críticas a mi anterior artículo por parte de los lectores. 


Hace unos días me dijo mi sobrino (el muy descastado ha mostrado su inclinación a la perversidad del Caos y sus demonios -lo cual le va a encantar a mis caballeros grises-) que cuando tuviera algunas escuadras más y un ejército medio decente pretendía hacerse un personaje con nombre y perfil propio, a semejanza de Khoubal Narkas.

Le lancé una mirada-láser con F10 FP1, pero como la esquivó en el último momento, quise arrearle un mamporro en el colodrillo, mucho mejor que un rifle de fusión en estos casos.

Me explicaré: Lo bueno de los personajes en Apocalipsis, y más aun si son un "alter-ego", es que no se crean, sino que nacen y se van haciendo. O lo que es lo mismo: puedes comprarte unos pantalones vaqueros ya desgastados y contonearte ante el personal, o comprarte unos tal cual y a base de años, experiencia, suciedad, y lavados, se vayan desgastando y palideciendo. En el primero de los casos "tienes" unos pantalones vaqueros que molan. En el segundo de los casos "te sientes orgulloso" de tus pantalones. Espero que se entienda la diferencia. Y esa diferencia es importante, porque no se trata de impresionar al personal, sino de que yo me sienta la mar de feliz y contento con lo que llevo.

Los personajes, al igual que los vehículos, o escuadras, también se hacen en términos de juego.  Porque si nunca has tenido la experiencia de quedar tú solo en pie tras un cañonazo de arma D, o si nunca te has encarado con el megademonio de Khorne, Angrath, y le has mentado a su madre en la cara, todavía te queda mucho camino por recorrer. Y no solo se trata de mentarle la madre al bicho ese, sino también que te parta la cara y esparza tus miserables restos por el campo de batalla. La experiencia se gana a base de morir y renacer muchas veces.

Desollar en cuerpo a cuerpo príncipes demonio, aniquilar progenies de guerreros tiránidos equipados hasta las cejas, hacer que tus chicos barran a tiros una peña de orkos mientras te fumas un puro en primera línea, sintiendo la munición trazadora pasar a un palmo de tus orejas, meterle un castañazo a un baneblade enemigo y reventarlo, y en la explosión morir tu unidad al completo menos tú, que quedas mirando a un lado y otro aun medio aturdido "¡que alguien me explique porqué no hay nadie a 50 metros a la redonda!". Todo eso te convierte. Elimina esa mancha de advenedizo, y comienza a escribir la primera letra de tu nombre.

Así que le respondí que debería empezar por usar un capitán estándar, o incluso un sargento de escuadra, y sencillamente jugar. No está mal ponerle un nombre, pero de momento juega con lo que hay. El tiempo te dirá si ese tipo es digno de algo más, o merece el peor de los olvidos.

Y eso me recordó una batalla librada hace unos cuantos años. No había salido aun la ampliación de Apocalipsis  para Warhammer 40.000 pero mi grupo gustaba de jugar batallas grandes, e incluso metíamos algunos tanques superpesados y titanes gracias a los primeros "Imperial Armour" de Forgeworld. Eran tiempos en los que todo estaba por hacer, pero la semilla estaba plantada. Y a nosotros nos gustaba regarla.

La batalla.



Dos bandos. Mesa de cinco metros de largo por dos de ancho. Imperio y eldar contra Caos, necrones, y eldar oscuros. Cinco jugadores por bando. Me tocó desplegar en el centro frente a 2.000 puntos de eldar oscuros. A mi derecha los Angeles Sangrientos. A mi izquierda, Lobos espaciales. En los extremos del tablero, a un lado y otro, los ágiles eldar. Mi ejército estaba comandado por un personaje que ya había participado en varias batallas: Don Diego de Jiménez y Cisneros, Lord Inquisidor por la Gracia del Emperador. Se rodeaba de un séquito inquisitorial y todos ellos dentro de un land raider. Entre ellos se encontraba un acólito notable, al que se le había prometido tras esa batalla los honores de Inquisidor, aun cuando fuera a servir igualmente como ayudante de su maestro y mentor, Lord Cisneros.

Los caballeros grises se teleportaron en masa entre las filas del enemigo y causaron un daño terrible entre sus filas, acribillando a todos con sus bolter de asalto. Desde el fondo, un par de predator daban fuego de apoyo junto con un scorpion eldar que se había plantado ahí para quebrar el centro de la batalla. Y lo hicimos, sí, en el primer turno. A mi derecha, los Angeles Sangrientos se las veían con una combinación de Caos y necrones, y parecían sudar no poco contra unos monolitos y cerca de sesenta inmortales necrones. En el extremo derecho, los eldar del príncipe Gaedhil se enfrentaban contra los eldar oscuros, y aparentemente les ganaban terreno. A la izquierda, los lobos se mantenían en una extraña quietud, faltos de iniciativa y arrojo, aguantando escondidos una salva tras otra de los cañones de batalla de los profanadores del caos.

Así pues, a mi derecha e izquierda mis compañeros de batalla parecían no llevarlo demasiado bien. Incluso recriminé a los Lobos Espaciales su falta de motivación y les amenacé con un decreto de excomulgatio si no meneaban el culo "pero ya", pero hacia el frente, no hacia terreno propio. Pregunté al comandante de los Angeles sangrientos que qué le pasaba con esos necrones, que no conseguía barrerlos. "No sé..." me contestó mientras giraba la cara hacia derecha e izquierda, dependiendo de donde viniera el bofetón de los necrones.

Y en eso, después de un primer turno fantástico, aparecieron delante de mí "solamente" 2.000 puntos de marines del Caos. Llevaban de todo: land raiders, veteranos, profanadores, y delante de ellos correteaba feliz un tal Smarlack, jugueteando con un bote de vaselina. "¿Y eso?" le pregunté. "¡Es para ti, por si se te ha olvidado, chato...!" rugió. Y no acabé de pillar la indirecta hasta que un disparo acertado de sus land raider descerrajó el scorpion que tenía a mi espalda. La explosión de la máquina de guerra fue inmediata y brutal, y se llevó por delante a los predator y a una unidad de lobos espaciales acobardados. Lord Cisneros se quedó sin fuego de apoyo.

Me giré hacia mis compañeros de juego y les pedí ayuda, haciéndoles ver que el frente podría recuperarse para nosotros si desviaban refuerzos para apoyar a mis tropas, ahora muy sobrepasadas en número. Los pillé en corrillo, cuchicheando entre ellos, y especialmente al eldar Gaedhil, que parecía ir muy sobrado de razones en sus argumentos. Pero aun no sabía de qué hablaban. La que me estaba cayendo encima era una brutal paliza: Smarlack y sus amigos me estaban arreando tan a gusto que habían agotado el bote de vaselina y estaban usando en su lugar los restos de grasa del motor de los land raider. Y eso no gusta. De verdad que no.

Entonces, el jugador eldar se destacó del grupo, y se dirigió hacia mi, me puso la mano en el hombro, y me dijo "Hemos decidido que te vamos a sacrificar...". Y me lo dijo así, en frío, arrogándose la posición y méritos de un líder cuando en realidad solo era una comadreja murmuradora, que había sembrado la sedición entre mis propias filas. Añadió que el envío de cualquier refuerzo estaba condenado en el centro, y que era mucho mejor dejarme ahí aguantando como pudiera, mientras ellos destinaban el resto de sus fuerzas a asegurar los flancos. Iba a jurarle en arameo que él y toda su ralea de miserables eldar serían expurgados, pero no me dio tiempo. Smarlack se reía a carcajadas mientras me comunicaba que no sé cuantos cañones láser iban a disparar contra el land raider de Lord Cisneros. Y pasó lo que tenía que pasar. Y más aún.

El land raider explotó, Lord Cisneros salió a duras penas (tan solo con una herida) con cuatro de sus fieles seguidores. Pero otro disparo acabaría el trabajo. Allí mismo le alcanzó otro cañonazo y murió irremisiblemente. En realidad, de todo un ejército de más de 3.000 puntos de caballeros grises, tan solo había sobrevivido aquel diligente acólito, y otro más. Dos miniaturas.

Ni qué decir tiene que tras hundirse el centro, los caóticos se dividieron hacia uno y otro lado y se cerraron en pinza sobre los demás. Los lobos Espaciales huyeron ignominiosamente sin tan siquiera librar un cuerpo a cuerpo, los Angeles Sangrientos se vieron sobrepasados por la combinación de fuerzas del Caos y necrones. Y los eldar de Gaedhil 'El Traidor' perdían posiciones frente al avance imparable de los eldar oscuros. Es más, tuvo la indecencia de no morir. Dejó el campo de batalla, y se retiró a algun planeta donde acaso tuviese su madriguera.

La tentación.


En el momento de recoger las miniaturas me lamentaba de mi desgracia y de cómo mis propios compañeros me habían traicionado. Y entonces, delante de mí, Carlos y Daniel, los dos caóticos -y caóticos los dos-, gastaban bromas sobre lo sucedido. Entre risas me lanzaron una pregunta, no sé si medio en serio o medio en broma. Me dijeron que mi futuro no estaba del lado de aquellos traidores, sino en el Caos, y que haría mejor si me pasaba a su bando. "No. Me niego. Siempre he sido un jugador Imperial, leal y devoto, y daré mi sangre por el Emperador, y... y...". Y me callé. Y durante ese silencio mío, Daniel volvió a insistir con un "pues tú te lo pierdes" entre risas bobaliconas (se suele poner bobalicón cuando su Smarlack abusa de los demás).

"Y... ¿y que ganaría si cambiara de bando, si me uniera al Caos?" pregunté.  Ambos sonrieron como si les hubiera tocado la lotería, aunque solo hubiera sido de un euro. Y me respondieron como una ametralladora, alternándose ambos en las respuestas: "El poder; la gloria; camaradería; ayuda; el que nunca te volverás a ver en una situación como la de hoy; vengarte de los eldar...". Y eso último me gustó. "Acepto", dije. Y mis compañeros se me quedaron mirando con los ojos como platos...

Así que aquel acólito casi inquisidor decidió que se vengaría de todos los que habían colaborado en la muerte de su maestro y mentor, Diego Jiménez de Cisneros. También juró un odio eterno hacia los eldar, y venganza contra Gaedhil 'El Traidor', sobre él y todos los que en algun momento le hubiesen prestado ayuda, material, anímica, o ideológica. Ese acólito se llamaba Khoubal Narkas, y en aquel momento, juró por los oscuros dioses del Caos que todos aquellos morirían antes o después.

Khoubal Narkas creció, primero como Inquisidor de segundo rango, a las órdenes del Gran Inquisidor Don Juan de Mañozga y Zamora, hasta que éste lo sorprendió en una de sus invocaciones. Esto, por descontado, significó la muerte de Lord Juan de Mañozga a manos de Khoubal Narkas. Y gracias a los oscuros pactos que Narkas ya había trabado con los dioses del Caos, le costó poco trabajo ser ascendido a Lord Inquisidor y hacerse con el Sector Complutum que otro día gobernara su mentor.

Porque, ante los ojos del Imperio, Narkas es un inquisidor devoto, leal, y muy cumplidor de sus tareas. Es un azote de cualquier enemigo del Imperio, y especialmente de los eldar. Y cada vez que destruye uno de sus asentamientos, o incluso uno de sus mundos astronave, procura anunciarlo con toda pompa y boato, mostrando a los Altos Señores de Terra cuán justificada es la confianza que éstos han depositado en él.

Pero la verdad es otra: Narkas es un inquisidor extremista, e incluso ha ido más lejos que ellos. Ha hecho pactos con Malal, el oscuro dios de la destrucción y del caos absoluto. Se dice de Malal que su sed de destrucción es tal que si no tuviera otras criaturas a su alcance, incluso sus mismos demonios, se suicidaría en ese último propósito de eliminarlo todo. Quizá la diferencia sea que Malal no recurre a lo evidente -tan del gusto de Khorne o Nurgle- sino que prefiere lo sutil pero no por ello menos eficiente. Y así es que su servidor, Khoubal Narkas, es malalita y disfruta de muchos favores y beneficios de esta abominación, a la cual trata más como socio de empresa en vez de como señor a quien obedecer. Y esto es así quizá porque en ese fuego que consume a Narkas subyace la idea de que nada ni nadie le encadenará, pues quiere verse libre para poder consumar su venganza, a su antojo, en el momento, lugar y modo que considere conveniente. También suponemos que eso tampoco le importa a Malal si al final se llega al mismo sitio: la destrucción de unos y otros.

Lo dejo aquí. Si alguien quiere saber más, ya continuaré otro día.

Nos vemos el viernes.

Khoubal Narkas


[“El enemigo se muestra con demasiadas caras, incluso las de esos que dicen amar al Emperador, pero solo tratan de explotar vuestras debilidades mostrándoos a vuestros propios líderes y hermanos como seres abyectos. Decidme: ¿No os he llevado de victoria en victoria? ¿No será de incontestable justicia exterminar a los que se nos oponen?. ¿Caeréis de nuevo en el engaño que acabó con todos en Illyz?. Nosotros encabezamos la verdad, la libertad, y la razón. ¡Matad pues sin engaño!, ¡Matad, hermanos! ¡Sencillamente, matad!.” Lord Khoubal Narkas, en la arenga previa a la batalla de Sidón IV]

13 comentarios:

  1. Asi que ese es el origen del odio hacia la raza superior jajajaja, interesante historia, muy inesperada.

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    1. ¿raza superior?. Pues a Narkas le chifla la posición inferior que adoptan ante él. Especialmente sus cráneos bajo su bota.

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  2. Ooooh pasate al lado oscuro que tenemos galletitas jajajaja. Grande esa apocalíptica batalla. Como caótico no creo que haya sido una derrota sino un cambio de dirección a grandes victorias muahahahahaha

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    1. Y así ha sido. Narkas es ahora mucho más fuerte que antes.
      Malal es muy generoso con quienes le sirven bien.

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  3. Gran historia, gran traición. Te pudiste vengar de ese eldar ruin?

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    1. Aun no. Esperaba que pudiera jugar la batalla de Septiembre para echármelo a la cara, pero no ha sido posible.

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  4. Esta claro y justificado tu odio hacia los Eldars, lastima la verdad, porque no todos los Eldars somos unos cobardes que abandonan a sus compañeros de alianzas a la primera. De todas formas el 7 de Septiembre nos veremos en el campo de batalla sera un K. Narkas Vs Lord Oriel.

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    1. Narkas te estará esperando. Lo sabes. Y tambien sabes que le importa un comino dejar en el camino medio ejército si a cambio obtiene vuestras cabezas.

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  5. Sublime!

    Me gusto mucho el post. Y espero, de verdad, seguir leyendo historias de este peculiar Inquisidor.

    Gran articulo, felicitaciones!

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    1. Creo que ese tipejo tiene intención de seguir escribiendo, sí.

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  6. He de decir que es la entrada que mas me ha gustado desde que se inició la sección de Apocalipsis.

    Y sin duda lo que mas me ha gustado es como un inquisidor se pasa al caos,...

    Larga vida a Narkas, larga vida a Malal!!!!!!!

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    1. jejejejeje, a Narkas le va a gustar tu comentario.
      Un Inquisidor coqueteando con el Caos es más que habitual. El pobre Quixos acabó poseido y deformado por los propios demonios que combatió.
      En el milenio cuadragésimo primero no hay imposibles. No sé... un día de estos me veo a Zarakynel queriendo ingresar en un convento de sororitas...

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  7. Gran historia, muy divertida. Ya me imagino a ese par de viles caóticos riéndose y comiéndote la cabeza, jaja.

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